Sentir acercarse su aroma,
oír como susurro
su paso arrítmico e inconstante
por el pasillo
Después del delirio,
del remolino de vértigo
en el abierto tránsito
de la entreceja
Advertir su silueta
en desaliñado movimiento
su traslucidez resoplante
por entre las cortinas
Pasado el rayo
que atraviesa
casi exacto en su ondulación
por la mitad el cuerpo.
Son tiempos distintos
La pasión y el vacío
La deconstrucción del amor
Y el desamor
Son ritmos afines
el amar formando grietas
con el clavar de las uñas
y el amar en la aletargada
somnolencia de los dedos
Puedes armar
marcial resistencia
a aceptar su llegada
sabor a azufre
Puedes no estar lista
ni aún veas su asesina mirada
asomar por la puerta…
pero llega
llega para dejarte el vacío
de sus apodos,
siendo innombrable su nombre,
indeterminado camuflaje su apellido.
Es entonces el paso
de revisarse el cuerpo
con las manos
de reconocerse sola
con los ojos
La telaraña del reproche
Del poco valor de cantarle a los ojos
de las mentirosas culpas
de los sentires ciertos
De la mezcla temporal
donde estar o haber estado
ser o haber sido
es irrelevante sutileza
hasta la llegada del tiempo estremecedor
del rayo helado en el centro
cortando con precisa y perversa exactitud
la magia que se despide,
hasta que el remolino
te congela el paso,
la mirada,
el caudal
hasta la transmutación
violenta y pasajera
del encanto por el llanto
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