Cuando crees que ya todo ha pasado, vuelven los fantasmas, cual zombies a comerte el cerebro y el alma, hacen de ti carroña, poco ha cambiado. Te encuentras con los mismos temores, dolores y angustias similares al prolongado momento de la enfermedad. Queda mirar los restos, la basura desparramada, los escupitajos y hacer de ellos una novedad, en la que a pesar de los centenares de días se pueda volver a creer en la posibilidad.
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